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CAPELLANÍA
Educar en el esfuerzo: Es que no me apetece...
Ricardo Regidor. Revista Hacer Familia

"Es que no me apetece, es que no tengo ganas...". Si esta fuera la razón para hacer las cosas, nuestros hijos,
¿estudiarían alguna vez?, ¿se harían la cama? Y, cuando crezcan, ¿sabrían enfrentarse a las dificultades de la vida?
Establece junto a tu hijo un horario con el suficiente tiempo libre para que no sea ni agobiante ni fácil. 
Así siempre sabrá lo que tiene que hacer y lo que noCuando vaya a comenzar algo, pregúntale si cree que va a terminarlo, porque si lo empieza le vamos a exigir que lo acabe en sus deberes del colegio y en sus encargos exígele la mayor perfección de acuerdo a su madurez, que sea capaz de alcanzar.
Porque sólo apetece lo fácil y lo cómodo. Una tarea urgente, para no hacer de nuestros hijos unos blandos, consiste en enseñarles el valor del esfuerzo, la necesidad de una fuerza de voluntad fuerte. Entre los 7 y los 12 años (periodo conocido como '' preadolescencia) nuestros hijos se encuentran en un momento decisivo de su vida. Se les compara a diamantes en bruto que necesitan ser pulidos: es la etapa en la que hay que comenzar a desarrollar las principales virtudes. Es el momento de educarles en la generosidad, ayudarles a ser trabajadores, sinceros... Y, por supuesto, es cuando se da el pistoletazo de salida para crear en ellos la capacidad de esfuerzo. No es que sea imposible, pero en la adolescencia costará mucho más hacer de los hijos personas que no se arredran ante las dificultades y hacen siempre lo que tienen que hacer. Por eso hay que comenzar ahora que estamos a tiempo y en pleno periodo sensitivo. 
IR DE DUROS
Además, sólo hay que pensar en la típica imagen bastante frecuente entre los adolescentes y jóvenes de hoy: chicos y chicas blandos, con una personalidad débil, caprichosa e inconstante, incapaces de ponerse metas concretas y cumplirlas. Al no haber luchado ni haberse esforzado a menudo en cosas pequeñas, tienen el peligro de convertirse en no aptos para cualquier tarea seria y ardua en el futuro. Y, claro, la vida está llena de este tipo de tareas. Si queremos evitar que nuestros hijos sean así, tenemos que ayudarles, cada día más, adquirir unas capacidades muy importantes para poder enfrentarse a la vida: la voluntad para la lucha, la capacidad de sacrificio y el afán de superación. Y si no se consiguen, se cae en la mediocridad, el desorden, la dejadez... Por eso, no extraña que hayan llamado a la fuerza de voluntad la facultad de la victoria. 
Provoca situaciones algo molestas por su incomodidad: caminatas largas, comida que no le gusta, recados molestos, madrugones...
Deja pasar tiempo entre una petición que te haga y su cumplimiento por tu parte. 
Si se lo gana, aún mejorAntes de hacerle nada, prueba a que lo haga él por sí mismo. A pesar de que a ti te cueste la mitad de tiempo
EVITAR LA TENTACIÓN 
CRITERIOS GENERALES Para fomentar en nuestros hijos la fuerza de voluntad, podemos comenzar teniendo en cuenta una serie de criterios generales para vivir el esfuerzo en el hogar: 
- EL EJEMPLO por parte de los adultos tiene una gran importancia, especialmente el de los padres. 
- LOS CHICOS necesitan motivos valiosos por los que valga la pena esforzarse y contrariar los gustos cuando sea necesario. Hay que presentar el esfuerzo como algo positivo y necesario para conseguir la meta propuesta: lo natural es esforzarse, la vida es lucha. 
- A ESTA EDAD, hace falta cierta exigencia por parte de los padres. Con los años, es lo deseable, se transformará en autoexigencia. 
- HAY QUE plantear metas a corto plazo, concretas, diarias, que los padres puedan controlar fácilmente: ponerse a estudiar a hora fija, dejar la ropa doblada por la noche, acabar lo que se comienza, etc. 
- LAS TAREAS que se propongan a los hijos han de suponer cierto esfuerzo, adaptado a las posibilidades de cada uno. Que los hijos se ganen lo que quieren conseguir. 
- LAS TAREAS tendrán una dificultad graduada y progresiva según vayan madurando. Conseguir metas difíciles por sí mismos, gracias al propio esfuerzo, les hace sentirse útiles, contentos y seguros. 
- MUCHAS VECES el fracaso será más eficaz que el éxito, en la búsqueda de una voluntad fuerte. 
DISCIPLINA
Un buen medio para fortalecer la voluntad consiste en seguir una disciplina y una exigencia. Por ejemplo, ateniéndose a unas normas de convivencia en casa, en el colegio... Por eso son convenientes los juegos y deportes: en ellos deberán observar unas reglas elementales que les creen hábitos de disciplina: horarios de entrenamiento, obedecer al entrenador, cuidar de su material, etc. Al hacer vivir esta disciplina hay que tener en cuenta el modo de ser, la edad y las posibilidades de cada uno de los hijos, respetando su personalidad y sabiendo conjugar la exigencia y la firmeza, con el cariño y la comprensión. 
OBEDIENCIA 
Es importantísimo que los hijos lleguen a comprender el valor de la obediencia. Haciendo caso a los padres y profesores, los chicos actúan con un objetivo concreto y preciso en vez de seguir los impulsos de las propias ganas o apetencias. Les acostumbrare m os a comprender las razones de la obediencia y lo que queremos conseguir para que ellos dejen de ser arrastrados y también empujen en la misma dirección. Obedeciendo, encauzan sus energías y capacidades, lo que les ayudará a construir una personalidad fuerte y definida. Pero para que haya obediencia ha de existir autoridad efectiva de los padres: no hay que tener miedo a exigir. Contar con un horario les ayudará a desarrollar su capacidad de autoexigencia. Es bueno que nuestros hijos (al igual que nosotros) cumplan un plan, sin cuadricularles ni encorsetarles, incluso que lo escriban ellos mismos con nuestra ayuda. Si desde pequeños se acostumbran a hacer en cada momento lo que deben y no lo que les apetece, habremos avanzado decididamente hacia una voluntad fuerte. Dentro del horario tiene una particular importancia la puntualidad al levantarse. 
RENUNCIAS Y SACRIFICIOS
El dominio de sí mismo es otra buena escuela para el fortalecimiento de la voluntad. El autodominio consiste en controlar los impulsos espontáneos que no vengan a cuento: levantarse mientras se estudia, gritar, lanzarse a por su comida preferida, incluso antes de que se ponga el plato encima de la mesa... Poco a poco, chicos y chicas deben controlarse y, en concreto: 
- VENCER el mal humor. 
- RENUNCIAR a la curiosidad en cosas que no les incumben. 
- SABER acabar todos los proyectos que han empezado. 
- DOMINAR la impaciencia. 
Exígele autodominio en sus impulsos espontáneos, en su mal humor y en sus impaciencias.
No le permitas quejarse de los esfuerzos y las contrariedades. 
Que tampoco oiga nunca comentarios de compasión hacia él
Acostúmbrales a ir asumiendo responsabilidades en sus acciones y decisiones.
El vencimiento habitual en estas cosas, aparentemente menudas, va creando hábitos de autodominio, de renuncia. Constituye un entrenamiento insustituible para la batalla de la vida diaria que espera a nuestros hijos dentro de unos años. Es deber primordial de los padres prepararles para esa batalla oculta, para que no se desanimen ante las contradicciones ni ante las derrotas pequeñas o grandes que, inevitablemente, sufrirán. A veces convendrá renunciar a cosas buenas para robustecer esta fuerza de voluntad e ir alcanzando la madurez. Por ejemplo, ceder el asiento a una persona mayor en el autobús, dejar el bombón para el hermano pequeño o el amigo, etc. Otras veces, interesará crear las ocasiones: preparar una excursión con la familia en la que se ande mucho, cocinar con toda la intención un plato no especialmente del agrado de nuestros hijos... 
TRABAJO BIEN HECHO
Sin duda alguna, no hay medio más efectivo para desarrollar la fuerza de voluntad que el trabajo; pero el trabajo bien hecho. Una persona que desde pequeña se acostumbra a trabajar esforzadamente, no se dejará llevar por la ley del gusto y la de la simple apetencia. Para ello, hay que enseñarles a realizar sus actividades con perfección, ya se trate del estudio o de los encargos que tienen en casa para ser útiles. Que terminen bien las cosas, y no se acostumbren a ser chapuceros, o a dejar sus tareas a medio hacer. Como afirman varios profesores y psicólogos, la obra bien hecha, el trabajo bien acabado, es un fundamento seguro para educar una voluntad fuerte. Para que el trabajo cumpla su función educativa ha de ser realizado con la mayor perfección de que es capaz la persona en cada momento. 
¿QUIERES SER UNA PERSONA FUERTE?
Espera un momento y párate a pensar. ¿Cuántos años tienes? ¿Ocho? ¿Diez? Te encuentras en la edad justa para acostumbrarte a los esfuerzos, para perder el miedo a las dificultades... pero, claro, para eso hay que entrenarse a diario: 
- NIÉGATE a lo fácil, desconfía de cuanto se te ofrece sin esfuerzo. No existen los cursos de idiomas sin esfuerzo. 
- EXÍGETE una mayor perfección cada día en lo que haces: en tus apuntes, en tus tareas del colegio. 
- LUCHA cada día contra los defectos que tienes y que conoces muy bien. 
- NO TE DEJES vencer por el desánimo y vuelve a insistir todas las veces que sean necesarias. 
- ENTIENDE el valor positivo de los sacrificios cuando tienes que quedarte a cuidar de tu hermano en vez de ir a jugar un partido de fútbol. 
- CUIDA los detalles pequeños: sí importa usar jabón al lavarse las manos. 
- AFRONTA con serenidad los acontecimientos, pensando dos veces las cosas antes de hacerlas. 
- NO DEJES que te domine la pereza. Ten siempre algo que hacer. 
- IMPONTE un horario para las actividades, como modo permanente de exigirte. - CUMPLE todos los compromisos, no reveles los secretos que te confían, acaba lo que empiezas y procura no comenzar lo que sospechas que no podrás llevar al final. 
- RESPONDE noblemente de las propias acciones, asumiendo la responsabilidad por lo que haces. 
- PROCURA mantener el buen humor, cuando las cosas no han salido como deseabas.