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“Como contrapunto al divorcio fácil, que está destruyendo a toda una generación, hay ejemplos admirables. El que voy a contar lo leí en Telva. Un testimonio en el que la periodista Teresa Olazábal ponía sobre el papel el reverso de la moneda. La historia de un matrimonio en el que la mujer tiene esa terrible enfermedad de Alzheimer. Empieza así: Esta es una historia de amor. No tiene ni principio mágico ni final felíz. No hay perdices ni fuegos artificiales. Hace siete años que Isabel tiene Alzheimer. No se mueve, no habla y tiene la mirada perdida. Hace siete años, con sólo cincuenta y seis, Fernando decidió abandonar su carrera de abogado para cuidarla las veinticuatro horas del día. Se sienta todas las tardes con ella en el sofá, tomándole la mano y hablándole. Era una tarde de primavera cuando estuvimos con él y pudimos oír qué le decía… Hay frases muy profundas, expresión máxima de un amor sin condiciones, en medio del dolor más sutil. Aquel día de enero en que me preguntaste quién era yo estalló en mil añicos ese universo que compartíamos. Entonces lloré desesperado (…) Dejar de trabajar fue la decisión más difícil de tomar. Cuarenta años luchando por ascender desde el último puesto. Pero me compensan las tardes que pasamos aquí juntos. Sé que tú hubieras hecho lo mismo por mí. Aunque tuviera que pasar veinte años más así, sin salir de casa, cuidándote, hablándote, besándote las mejillas, limpiándote, y poniéndote pañales… me compensa. ¡Tengo tantos momentos felices que agradecerte! Lo único que le pido a Dios es que me deje morir después de ti. No quiero dejarte sola en este mundo sin ayuda, sin pensión, sin ternura. Nuestro hijo a sus veintiséis años no aguantaría este peso solo, tú lo sabes. Así que hazme un sitio cuando llegues al cielo. ¡Tengo tantas cosas que contarte! Me decía la periodista que le llovieron las cartas con este artículo. Y es que el mundo está sediento de esa raza de hombres y mujeres para los que un sí es un sí, y un no es un no. Con heroísmo. Con toneladas de cariño. Con sufrimiento. Con la coherencia de quienes un día se prometieron fidelidad “en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad”. La pena es que en los periódicos sólo es noticia lo contrario. Pocas veces se cuentan historias de amor, no esculpidas en piedra como la de Romeo y Julieta, pero grabadas a fuego en quienes las han conocido.” O'SHEA, C. El valor de los valores , p. 51. |